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Saturday, February 07, 2004

1. Escribir para recapitular, para revivir, aún a sabiendas de que en realidad todo acto memorístico es una ficción. Escribir para reinventar, si acaso vivir es inventarse. Toda la clave, entonces, está en encontrar un registro, un tono desde el que iniciar la aventura.
¿Un punto de vista? No necesariamente, el narrador –incluso en esta suerte de autobiografía precoz y diario íntimo- debería ser dueño de una mirada múltiple, de una peculiar casa de los espejos que le permita diversificar las atalayas desde las que ve y desde las que se ve.
¿Desde dónde se habla? O, mejor, como afirman con pedantería los profesores, ¿qué instancia de enunciación asume la voz del yo memorista? Por ello Pascal hablaba del aborrecible yo. Quiere ser el centro de todo, en un egoísmo supremo y es aborrecible para los otros porque desea sujetarles, poseerles, cada yo es el enemigo y quisiera ser él, el tirano de los otros.

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